Buscar
  • Demy López

Un escudo indestructible para proteger a tu empresa.

“Hay una gran diferencia entre el interés y el compromiso. Cuando estás interesado en hacer algo, lo haces solo cuando te conviene. Cuando estas comprometido con algo, no aceptas excusas, solo resultados” – Kenneth Blanchard


Hablo por los emprendedores o directivos de un negocio que estamos apasionados trabajando en nuestro proyecto de vida.


Nos despertamos con mucho entusiasmo para dedicar nuestro tiempo y esfuerzo, para que la empresa siga creciendo, trabajamos horas de más con la satisfacción de que cada minuto invertido, nos lleva un paso más adelante en la construcción de nuestro sueño.

Para mantener la motivación en el proyecto, los verdaderos emprendedores, no necesitamos un sueldo millonario, ni oficinas lujosas y mucho menos prestaciones o áreas de juegos en la oficina… Lo único que nos motiva, es que a través de nuestras acciones, podamos ver crecer nuestro negocio.


Parte del crecimiento de una empresa, requiere la búsqueda de gente talentosa que apoye al negocio en otras responsabilidades, ya que aunque creamos que podemos solos, necesitamos manos que nos ayuden a sacar adelante el trabajo.

Y basta decir que ya nos hemos enfrentado a sobrevivir sin flujo de efectivo, a clientes muy exigentes, a sacar adelante proyectos que parecían imposibles… pero trabajar con personas, ese es un reto muy diferente.

Desde lidiar con personalidades diferentes a la nuestra, hasta negociar un sueldo… El tema del recurso humano, se convierte en un dolor de cabeza (como si no tuviéramos suficientes). Buscar al príncipe azul que blanda la espada para enfrentar los retos a nuestro lado, se convierte en una tarea épica (por encima de cualquier otra responsabilidad en la empresa) que parece nunca acabar.

La convergencia entre talento, buena fe y responsabilidad que buscamos en los colaboradores, parece una leyenda urbana o hasta un invento de Disney. Y como cualquier otra cosa buena en la vida: no es fácil, ni cae del cielo. Sobre la marcha, encontramos personas que valen todo, y otras, que simplemente nunca pudimos terminar de entender.


El talento es el activo más valioso que una empresa puede tener, el talento es el encargado de hacer que toda la magia dentro de la empresa suceda. El talento no se puede comprar y echar a andar como cualquier máquina, no se puede diseñar como cualquier proceso, ni se puede crear como cualquier producto… El talento se cautiva, se desarrolla y se empodera.

Y el gran problema que tienen los directivos, es que buscan contratar puestos, llenar vacantes para que las ocupe un determinado “perfil”… ¿La realidad? Tenemos que contratar colaboradores entusiasmados por formar parte de nuestro proyecto y que les deje algo bueno en su vida, colaboradores que estén alineados con nuestra visión de negocio, que se enamoren del reto que perseguimos, y que tengan las capacidades que nuestra empresa necesita (ojo: c-a-p-a-c-i-d-a-d-e-s, no conocimientos).

Y no solo eso… Tenemos que crear una atmósfera, una cultura y una historia que inspire. Tenemos que olvidarnos de “ser el jefe” y convertirnos en “un compañero de trabajo”. Tenemos que aprender a delegar, a dar libertad, a enseñar y a empoderar…

Y el reto no acaba ahí. Hoy ya no solo es responsabilidad del que contrata… el buscador de empleo o colaborador, también carga parte de la responsabilidad en sus hombros.

En el mundo en el que vivimos, como colaborador, no te puedes conformar con un lugar para trabajar que solo te sirva para ganar dinero, porque a la vuelta de la esquina, a alguien que sí le apasione y le entusiasme la visión de la empresa donde trabajas, va a ocupar el puesto que tenías; o peor, terminarás infeliz en una empresa que te paga “bien”.

Como colaborador, tienes que buscar un espacio en donde te sientas orgulloso de pertenecer, es tu responsabilidad encontrar un trabajo que saque lo mejor de ti, que te rete y que te inspire, donde todos los días aprendas y te entusiasme despertarte para trabajar…

De la misma manera, los que empleamos tampoco podemos conformarnos con contratar a cualquier persona que respire: se trata de buscar a las personas que más enamoradas estén de los retos que nuestro proyecto emprende; y que además, tengan ganas de aprender y entusiasmo por aportar sus conocimientos.

Hoy más que nunca, independientemente del perfil que tengas (empleador o colaborador), no se trata de “preocuparte” por contratar o por conseguir un empleo, porque el precio que pagarás será caro:

Si un empresario quiere ganar mucho dinero a costa de los clientes, se rodeará de colaboradores que quieran ganar dinero a costa de la empresa; o si un colaborador no cuida los recursos de la empresa, trabajará en una empresa que no cuide de él. En cambio, una empresa que quiere dejar una huella positiva en su entorno, encontrará colaboradores que quieran dejar una huella positiva en la empresa.

En los diferentes escenarios, siempre habrá excepciones a la regla: colaboradores con buenas intenciones que estén en una empresa que no las tenga, o viceversa. Por eso, el reto es no dejar de buscar, no perder la esperanza de encontrar algún loco que pondere los mismos valores que tú.

Y cuando lo encuentres, te darás cuenta que la persona que más vale la pena, es aquella que aunque la mandes a la guerra sin comida ni fusible, sabrá salir adelante: con raspones, pero con resultados… lo que todos llaman “con la camiseta bien puesta”.

Sin embargo, como directivos y colaboradores, tenemos que entender que la camiseta no se puede poner a fuerzas:

La camiseta siempre le va a quedar a las personas inspiradas por trabajar por un gran reto y con un gran equipo, le va a quedar a los colaboradores y empleadores que con los ojos cerrados confíen uno en el otro, que cuiden sus espaldas y se protejan entre sí, que destinen gran parte de su tiempo en la empresa, que defiendan los intereses colectivos antes que los individuales y que juntos emprendan batallas aunque parezca que no terminarán en victoria… La camiseta le queda a los Colaboradores y Directivos que realicen actos heroicos con un escudo indestructible: el compromiso.

11 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

© 2020 Demy López | Venciendo el Síndrome del OMT